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Morir de hambre o morir de covid: a la luz la precariedad normalizada

  El escenario internacional de obediencia civil que se generó como respuesta a la escalada exponencial de contagios por Covid-19, en el que los Estados impusieron medidas de recesión, aislamiento, nuevas formas de habitar la ciudad, el trabajo y de construir relaciones sociales, se ha visto tambaleando en América Latina, y especı́ficamente, en Chile. Luego de meses del chiste de las cuarentenas parciales, los toques de queda, las aperturas de las grandes tiendas comerciales en plena pandemia- en resumen, meses del chiste en el que la polı́tica se preocupó de asegurar a las empresas, y generar una serie de medidas sanitarias que demostraron el nulo interés por nuestra vidas y nuestro bienestar-, se produjo una crisis de cesantı́a, que dejó a la ya expuesta clase oprimida en una condición de mayor vulnerabilidad. Y en plena vulnerabilidad, imponen una cuarentena total. Ya no hay espacio para salir a realizar ninǵun oficio para parar la olla en el dı́a a dı́a, como muchas familias suelen hacerlo a vista de todxs. El estado de incertidumbre por el ingreso inestable ahora, más que antes, pasa la cuenta, aunque, en el fondo, todxs sabemos que siempre ha pasado la cuenta, sólo que ahora lo vemos con mayor claridad.

 Y las poblaciones se levantan, ya no sólo tratando de gestionar redes de abastecimiento, comedores sociales, ollas comunes y cooperativas de alimentación (como de manera muy efectiva hicieron Movimiento Social Vida Digna o la cooperativa Comprando Juntos, por nombrar algunas de montones que se organizaron y siguen operativas)- espacios de resistencia y solidaridad que se vieron directamente interrumpidos por la aparición de la cuarentena total en momentos en que la población más necesita de la organización colectiva y barrial para su subsistencia ante la falta de polı́ticas de cuidado- sino para manifestarse, denunciar en las calles nuevamente al sistema y a la guerra de clases que siempre ha existido y estado latente, y que nuevamente expone a lxs vencidxs del sistema capitalista y de las élites económicas.

¿Es una novedad la crisis que se evidenció con las movilizaciones por hambre en El Bosque y en otros territorios? No, la novedad es que nos encontramos sorprendidxs de ver las formas en la que el capitalismo ha operado ante nuestras narices. La crisis ES el modelo, y la pobreza uno de sus pilares. La pobreza es la que moviliza a someterse al trabajo asalariado a cambio de poder comprar un mı́nimo de todas las necesidades básicas para vivir que han sido mercantilizadas, y a las que podemos acceder sólo con dinero. Se ha romantizado la figura del trabajo como lo que dignifica, cuando en realidad, en este modelo, es lo que nos permite sobrevivir. Se ha admirado e idolatrado al progreso individual en pos de destruir los espacios de resistencia colectivos. Y ahora, en plena crisis de desabastecimiento total, en el que quienes estaban ya en los lı́mites de la infravida, ahı́con perversa perfección la maquinaria necropolı́tica se desplegó. Ya no es abandono sanitario, es abandono total. El Estado en su indiferencia máxima, operando mediante sus tecnologı́as punitivas, reprimiendo las protestas, respondiendo al hambre con ley anticapuchas, con presencia militar, con querellas legales, con terrorismo de Estado.

 En la prensa sensacionalista y burguesa abunda el discurso de la irresponsabilidad de quienes salieron a protestar, considerando el contexto del contagio. Porque claro, nuestra miseria es siempre nuestra responsabilidad. Con ese peso de culpa cristiana que ponen encima de las clases oprimidas por su condición de precariedad. El contexto sanitario deja visibles todas las heridas abiertas de este modelo económico y de existencia, y que sangran. El gesto de “elegir” entre morir de hambre, o morir de Covid-19 no es un gesto silencioso, es un gesto que grita por todxs quienes nos encontramos en el desamparo. Esta situación, de los pequeños pero avasalladores, dolorosos pequeños estallidos sociales, refleja que no se trata de un colapso inminente. Siempre estamos en el colapso y estátan normalizado que aprendimos a convivir con el, a soportarlo, a ignorarlo como verdad incómoda: en resumen, a vivir el colapso en sumisión tratando de escapar de él, pero atrapadxs entre sus redes, que atraviesan todas las dimensiones de nuestra cotidianidad.

 Los saqueos, una figura que desde los espacios más “privilegiados” de la población, han sido ridiculizados y reducidos a un mero capricho, en vez de verlos como un tema de necesidad y de urgencia. La llegada de tanquetas con militares a los lugares que se han vuelto a levantar en revuelta por escasez ha sido celebrada por los polı́ticos de turno en los matinales, señalando que “les disparen y repriman”, haciendo visible que, en realidad, la única finalidad de todo personaje politico y toda autoridad es dispensar violencia, represión y muerte. Los intentos de silenciar y desarticular los espacios de organización barrial y territorial reflejan que nos quieren aisladxs, individualizadxs, reducidxs a una condición de ser unx contra el mundo.

 No sólo son los responsables de nuestra precariedad, de nuestra hambre, de nuestro hacinamiento, de nuestra enfermedad, han gestionado nuestra miseria y nuestras deplorables condiciones de vida, y hacen burla de ello. Han aclamado desde Octubre que hay que volver a una normalidad que es la misma violencia dia tras dia. Ya no hay espacio para seguir esperando un asistencialismo de parte de este ni de ningún Gobierno. Que nuestra rabia y nuestro abandono se convierta en unión horizontal, en solidaridad de clase, y en nuevas formas de vivir y organizarnos. Que el saqueo de nuestras vidas se convierta en recuperación constante. No estamos solxs, como nos hicieron creer para su conveniencia. Tomaremos hasta el cielo por asalto.

Por Amapolilla Incendiaria para Boletín Sedición n°2. Link de descarga: https://lapeste.org/2020/05/boletin-sedicion-no2-publicacion-de-la-asamblea-libertaria-cordillera-lanzamiento-4-junio/

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